CERRáNDOSE EL TELóN SE ABRIERON LAS CORTINAS

 

 

  Por María Suárez Toro

 

Es una mujer joven sudafricana de Cape Town, de unos treinta y cinco años de edad. Su primer idioma es en Xhosa, es que tiene un click al que la recientemente fallecida cantante y compositora Miriam Makeba le hizo una canción que recorrió el mundo. Es una organizadora comunitaria. Tiene una hija de tres años y un bebe de uno. Es la compañera de un famoso compositor y cantante sudafricano que como Makeba, ha recorrido el mundo. Vuyo tiene su propia historia, como toda mujer sudafricana, como toda mujer, vengas de donde venga

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Se sentó en la silla de Rosa Parks a contarnos esa historia personal esa tarde en que la conocimos en la comunidad de INLOVU en el Sur de Cape Town. Las actrices de Costa Rica y Guatemala acababan de hacer una presentación de esa parte de la obra del Laberinto de las mariposas que trata el caso de la mujer afro estadounidense que en el sur segregado de su país un 10 de diciembre de 1955 se rehusó a dejarle su asiento en el bus a un hombre blanco.

 

Vuyo
Vuyo

Al terminar la obra me correspondió abrir la sesión de “resonancia” dentro de la estrategia de popularización del proyecto Alas de Mariposa que junto con los grupos de teatro Archipiélago y 50 al Sur de Costa Rica  acababa de estrenar la obra el pasado 4 e noviembre. Ahora se habían desplazado a Sudáfrica para presentar la obra en el Foro Internacional de Mujeres “El Poder de los Movimientos” y en una comunidad pobre a las afueras de la ciudad que albergó la conferencia.

Como parte del proceso se nos ocurrió que regalaríamos la silla de Rosa Parks a las mujeres de la comunidad para que la usaran para contarse sus historias cuando necesitaran.  “Hay sillas que para ocuparlas hay que luchar”, había dicho Doris Campbell haciendo de Rosa Parks en la muestra de la obra que esa tarde se había presentado a un concurrido grupo de mujeres de la comunidad, un grupo de niñas y niños, pare del personal internacional del proyecto de la comunidad y el grupo nuestro compuesto por miembros del colectivo Alas de Mariposa, dos miembros del grupo asesor internacional, el elenco y la directora de la obra y parte del personal que trabajó en la obra. 

Vuyo se levanta para tomar su lugar en la silla. Camina erguida y orgullosa. Pero sus músculos faciales se tensan cuando se dirige a Rosa (Doris) parada delante de ella.

Mi abuela y mi abuelo de la línea paterna sufrieron la política apartheid que imperaba en este país hasta hace apenas catorce años. Por ello yo nunca conocí a mi abuelo, sin embargo todo el  mundo me lo recuerda todo el tiempo, porque dicen que me le parezco. Nunca lo conocí porque se fue para Inglaterra dejando a mi abuela con todos sus hijos y nunca regresó a pesar de que escribía diciendo que regresaría con plata. Ella lo esperó toda la vida, mientras veía por su familia. Nunca apareció y le perdieron la pista.

De tanto que me decían que me parecía a el, un día me decidí buscarlo a través de Google. Ya había muerto, pero supimos que al llegar a su país de destino se había cambado de apellido por uno inglés, se había casado con una mujer blanca y se había ido a estudiar a Oxford. Hasta libros que conocimos aquí en Sudáfrica había escrito, pero nadie sabia que eran de el porque había escondido su identidad, negándola.

Negándose negó a su familia y su país. Y es que ustedes deben saber - Doris, yo se que tu sabes -  que en nuestra cultura para dejar ir a un ser querido muerto, hay que soñarlo, pero yo nunca he podido dejar ir a mi abuelo porque nunca lo conocí. Estos son tiempos de unidad de toda Sudáfrica, pero hay que hablar de ese pasado porque nos sigue afectando. Por eso la historia de Rosa Parks y su silla me ha conmovido. Mi abuela fue una mujer muy fuerte que creyó en su matrimonio y por eso lo esperó, pero creyó en su país, su familia y su comunidad.

Dado que lloraba desconsoladamente, a la vez que llorábamos con ella todas las personas que la escuchábamos, algunas las mujeres que la conocen le empezaron a recordarle que ella tenia otro abuelo por parte de madre que nunca se levantó de su silla. “Habla de el” le decían. Pero Vuyo se resistió. “No, el que dejó su silla fue el paterno y eso es lo que quiero contar. El otro ustedes y todas las personas visitantes lo conocen y lo conozco yo. Pero la historia que esta sin contar es la de ese abuelo que abandonó su lugar entre nosotros. Hay que contarla.”

Aplausos, abrazos, más llanto, sonrisas y canto siguieron en el pequeño salón comunal cuando procedimos a realizar el ritual de entrega de la silla para las mujeres. 

Entregada la silla se nos ocurrió pedir a alguna que quisiera venir a ponerle el sombrero del chofer del bus de Rosa Parks, actuado por María Alejandra Solórzano, para que actuara su arrogancia al dar órdenes a Rosa Parks para que abandonara su silla. Como por arte de magia Buyiswa que solo hablaba Kosha y que había escuchado la obra en español, se colocó el sombrero en la cabeza, colocó las manos como manejando la inmensa manivela del camión, hizo ruido con el zapato en el piso en señal de abuso de autoridad y cólera, e irrumpió intempestivamente diciendo en perfecto español: “¡LEVANTESE, LEVANTESE! “

El público se desató en aplausos y risas y ella seguía repitiendo el estribillo que marcaba la trasgresión de Rosa en la historia pues nunca le hizo caso al chofer, aunque sabia que por ello podía ir presa.

Nade se levantó de su silla en el salón comunal  tampoco. Y ella repetía y repetía, cada vez más fuerte y en mejor español, pero le daba risa y alegría que no le hacían caso.  

La curiosidad pudo más que la prudencia esa tarde, por lo que me arriesgue a preguntarle a alguien quien era su otro abuelo, aquel que ella juraba todas conocíamos aunque viniéramos de otros países. “Nelson Mandela” dijeron.

Esa tarde Vuyo ella le regaló a Doris una muñeca que hizo con material reciclable para recaudar fondos para la guardería infantil en la comunidad. Una botella plástica llena de arena, con una cabeza y cuerpo hecho de telas y un vestida comos lo hacen las mujeres de su etnia cuando hay fiesta.

Unos días mas tarde la productora Nancy Richards de la cadena de radio nacional africana SABC, productora del programa “Otherwise” desde las mujeres, nos había invitado a hacer un programa de radio al cual también habían invitado a Vuyo.

Allí nos contó sus planes que conectan la silla con las muñecas.  “A cada una de esas muñecas que haga le voy a poner el nombre de una mujer que haya dado su testimonio al sentase en la silla de Rosa Parks en la historia; vamos a escribir las historias de vida y lucha por ocupar su lugar en un libro y, así vamos a dar a conocer las luchas de las mujeres en esta comunidad por ocupar su lugar. Ellas tiene que saber que sus luchas y sus vidas son importantes y el mundo lo debe reconocer. Rara vez sacamos el tiempo para contar nuestro dolor, pero hay que hacerlo. Rosa Parks me lo recordó en esta ocasión.”

Pidió a Alas de Mariposa y la dramaturga de la obra que le mandáramos el texto de la parte de Rosa Parks en español para ella dirigir el montaje de la obra con las mujeres de la comunidad, animándolas a todas a sentarse en la silla a dar sus testimonios de resistencia. “Ellas se sienten menos porque no habla ingles, pero yo les dije que estas costarricenses vinieron sin saber ingles y Xhosa a contarnos de las muchas de las mujeres sin ninguna pena. Nos podemos entender en cualquier idioma. El arte lo permite. Ya lo vimos aquí.”

Doris le dijo en  el programa que siendo así la cosa, la muñeca que ella le había regalado, siendo la primera del proyecto, llevaría en Costa Rica el nombre “Vuyo”.

Así quedo sellada una conexión resonántica que se convierte en un efecto mariposa sin fin entre Alas de Mariposa y las mujeres de Sudáfrica, primer país donde se internacionaliza la obra El Laberinto de las mariposas y las conexiones alzan vuelo propio.

(fin)

 

 

 
   
      
 


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