Reseña de un intercambio cultural…y más…
Por Ailyn Morera
-¡Naskima! Es el saludo en misquito con el que nos recibieron a nuestra llegada a Bilwi (hoja de serpiente en misquito). Lo primero que llama mi atención es el instrumento de control del aeropuerto, en manuscrito se registran, una a una, las personas entrantes y salientes del aeropuerto en Puerto Cabezas, Nicaragua; región donde conviven los misquitos, los sumo y los maiagna.
Nos hospedamos en un pequeño hotel acogedor por el paisaje y más aún, por el calor humano de Norberta, Elizabeth, y el resto de sus compañeras.
La primera presentación de la obra El laberinto de las mariposas, la efectuamos en el Palacio de Gobierno; el público fue una comunidad sedienta y agradecida con el milagro el arte. ¿Me pregunto cuántas emociones y colores se avivaron en las vidas de los y las espectadoras después de ese encuentro mágico?
El escenario de nuestra segunda presentación fueron las palmeras del hotel. Pamela, técnica de luz y Pablo, técnico de sonido colgaron las crisálidas de las palmeras; el mar al fondo y la noche estrellada enriquecieron la atmosfera. El público estuvo hipnotizado; voló lúdicamente. El brillo de los ojos de las niñas y los niños irradiaron de principio a fin, mientras vibraban a ritmo de brisa y a sabor de mar. Fue un momento mágico cuando María Fernanda, la actriz que interpreta a Molly nos acercó al firmamento cuando dijo que en adelante se llamaría Celeste, como el cielo. Creo que quienes estuvimos hechizadas por la magia de ese momento, sentimos, al re-encontrarnos con el cielo techado de estrellas que encontrarnos con ellas relaja nuestro paso por este laberinto de mariposas.
Además de las dos presentaciones de la obra realizamos un encuentro con jóvenes de edades oscilantes entre los 14 y 17 años internos en la Universidad URACAM . Comenzamos el taller con una mayoría de hombres, mientras cinco chicas se asomaban sigilosas por el pasillo. Traían cubierta la cabeza con toallas multicolores bastante diferentes en diseño a las burkas pero con la misma función.
Invité a estas chicas a participar del taller pero el encargado del grupo advirtió que no era posible debido a que se encontraban enfermas. Se me aclaro que padecían de cris sigma, enfermedad propia de la zona, con la particularidad de atacar a las personas vulnerables, por eso, -dijo- las mujeres son las principales víctimas de esta terrible enfermedad que tiene los siguientes síntomas, histeria, desatino, ganas de salir corriendo, de gritar y hasta de llorar. Por suerte la cura la tiene el líder de la comunidad que les prepara a base de hierbas un mejunje. Luego las aíslan a sus habitaciones y deben quedarse encerradas cubiertas con la toalla.
Esta enfermedad a mí me sonó conocida, pues precisamente el día anterior tuve una breve crisis de desatino que canalicé bailando sola.
Durante el taller las chicas “enfermas” se fueron uniendo al taller y el paño con que se cubrían pasó de la cabeza a los hombros.
La segunda parte del encuentro consistió en la muestra de bailes y cantos de la cultura miskita, entonces los hombres tomaron sus puestos de músicos y de bailarines y las mujeres se fueron a sentar mientras las actrices y yo estábamos siendo conducidas en el baile por los chicos. Poco a poco fuimos llevando una a una de las chicas de sus asientos, incluso las “enfermas” al centro del escenario bailable. Al principio con timidez, pero poco a poco se sentía un disfrute en ellas, al punto que la toalla les estorbó. El paño voló y la sonrisa afloró. Sonrieron, sudaron, se relajaron, ¡se habían curado!
Definitivamente el arte une fronteras, en esta ocasión con nuestro país vecino eliminó xenofobias y una vez más, el arte nos libera de esas enfermedades culturales, que como la historia demuestra, afecta a las mujeres, es decir a las vulnerables. Puede sonreír conmigo.
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