¿Cuarta ola del feminismo?
María Suárez Toro
Para la poeta costarricense Magda Zavala la obra de teatro de Alas de Mariposa conjuntamente con el Grupo de Teatro Archipiélago es una producción que se inscribe en la alborada de la cuarta ola del feminismo.

“Lo que va a caracterizar la siguiente ola de este movimiento es el abordaje de las relaciones entre las mujeres para poder avanzar en todo lo que hemos construido con nuestras antecesoras que aparecen en los personajes del Laberinto de las Mariposas y tantas luchadoras nacionales e internacionales cuyos aportes todavía permanecen invisibles” dijo en el Foro que precedió la presentación de la obra en el Teatro La Aduana el primero de marzo.

Un diverso público de varias decenas de personas compuesto por estudiantes de secundaria que llegaron al teatro motivadas por un profesor que habían visto el espectáculo anteriormente; periodistas que ya habían visto y escrito sobre la obra en sus medios; activistas feministas y sus maridos; lesbianas y sus parejas; la madre de la directora, uno de sus hijos y la novia; las hermanas, hija y madre de una de las actrices, hombres de las tablas, turistas que se enteraron de la presentación por la prensa; críticos de teatro atraídos por la crítica favorable de una de las personas en el país que gozan de un reconocimiento como especialistas en el tema; amigas del movimiento feminista, entre otros.
La nueva versión, siempre bajo la dirección de la dramaturga costarricense Ailyn Morera, está siendo presentada este año en una temporada que corre entre el 26 de febrero y el 8 de marzo en ocho presentaciones los fines de semana. Contiene los mismos personajes que caracterizaron su estreno mundial en Costa Rica e internacionalmente en Sudáfrica el pasado mes de noviembre.
En esta ocasión hay una mejor contextualización de “Lucy” como nuestra memoria ancestral. Ella es esa osamenta etíope, inmediatamente pre-humana que data de más de tres millones de años de edad y que regresa a contarnos que hay otros caminos en la encrucijada que aqueja a la humanidad en sus interacciones destructivas. Mientras Lucy (María Alejandra Solórzano) recorre su camino alertando acerca de lo que pasa, las tres guardianas de la historia descifran sus códigos ancestrales reconociendo que hubo un tiempo en que hubo armonía, incluso entre las mujeres y que hasta ello se ha perdido en la historia.
El comentario sobre lo que caracterizará la cuarta ola del feminismo de parte de Magda Zavala y secundado por la historiadora del cuerpo, la costarricense Anna Arroba, también comentarista en el foro ese día, se refiere a otra innovación en la obra. Hay una ampliación sustancial que se expresa en una mayor sofisticación actoral en nuevas transiciones de la obra. Pero la sofisticación es también política, versando sobre la complejidad de las relaciones entre las mujeres.
El mensaje es claro. Las mujeres tenemos mucho que aportar desde nuestras prácticas del cuido en esta encrucijada destructiva de la humanidad en la historia pero ese aporte está teñido de unas relaciones sumamente polarizadas entre la competencia para ser la que cuente primero y a la vez abrir espacios colectivos para que todas contemos, fenómeno que aparece con todo el esplendor del drama que vivimos las féminas en relación a los protagonismos. Las guardianas lo expresan también en todo su esplendor conflictivo.
Las guardianas de la historia también aparecen burlándose de Mileva Maric (Raquel Hernández) la primera esposa de Albert Einstein (María Fernanda Campos), estudiante de física y de matemáticas que nunca se pudo graduar ni ejercer su profesión, más en cambio, aportó en sus cartas de amor muchos de los conocimientos de la física quántica referida al efecto fotoeléctrico por el cual él ganó su primer Premio Nobel. En esta ocasión las guardianas la dejan sola, tomando el lado del famoso científico.
Como dijera una vez Alda Facio en una reunión de Alas de Mariposa acerca del drama de Mileva. “Lo increíble no es tanto que la universidad no la dejara graduarse, o que tuviera que dar en adopción a la hija que tuvieron fuera de matrimonio, o que la sociedad no la ayudara a velar por sus hijos cuando él se divorció de ella, o que le entregara su poder en el amor, lo increíble es la soledad en que ella tuvo que enfrentar todo eso, que no hubiese una sola mujer que saliera en apoyo de ella.”
La solidaridad, la competitividad. El amor, los desamores. Las cóleras de estar juntas, las alegrías en los reencuentros. Los juicios de valor, las aclaraciones. Las falsas acusaciones y los entendimientos. Todas vividas como polos opuestos que rara vez se encuentran, hasta llegar a la propuesta final que nos presenta Ailyn Morera en el desenlace del drama.
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La cuarta ola en la que puede entrar el feminismo según la nombran Zavala y Arroba que es caracterizada por la obra no se ha levantado todavía en el mar de cambios que hemos logrado en la historia, pero es urgente porque como dice en la obra Andrea Porras en su papel de guardiana compasiva de Molly (María Fernanda Campos)
“!Tanto que avanza todo y no cambia nada!” Molly es esa mujer ideal construida por la tecnología cosmética para complacer y consumir. Interpreto que la guardiana se refiere a que todo avanza pero no desde nosotras ni con nosotras. |
Con este planteamiento Morera la dramaturga, pero sobre todo Morera la dramaturga feminista, está haciendo un aporte relevante al feminismo actual. ¡La cuarta ola necesariamente nos remite a nosotras misma y las interacciones entre nosotras!
Pareciera un tanto irónico que la propuesta de una nueva ola referida a la capacidad de las mujeres de trascender la forma como el patriarcado nos ha socializado para pelear entre nosotras irreconciliablemente, competir hasta lo insaciable, no poder debatir, disentir y negociar sin lastimarnos, haya nacido en el seno de un proyecto como el de Alas de Mariposa que tuvo mucho de eso en su nacimiento.
O tal vez es que Ailyn y las actrices, que llegaron al proyecto luego de los desgarres, conociéndolos apenas por los cuentos, nos quieren alertar de que precisamente por la experiencia previa, Alas está llamada a jugar un mejor papel en esto también y no solo en el lugar del arte para la construcción de movimiento.

No podemos convertir nuestra fuerza y nuestros paradigmas en poder colectivo transformador sin trascender esos desencuentros, así como tampoco podemos crecer individualmente como feministas si los dejamos suceder en nuestras prácticas sin pena ni gloria para recuperarnos unas a las otras.
No es fácil. No se trata solamente de sanar las heridas entre nosotras en el movimiento. Para trascender eso se requiere mucho más. Entre otras cosas, ir al reencuentro y cerrar - simbólica o realmente - con nuestras madres, hermanas, abuelas, hijas, tías y nuestras niñas abandonadas, etc. Volver a los grupos de auto ayuda dónde permanentemente y en colectivo trabajábamos nuestra propia historia y los conflictos y fortalezas actuales. Aprender a disentir sin desvalorizar. Tomar decisiones políticas conscientes de que ya no nos vamos a enganchar en esas dinámicas. Respirar profundo cuando nos vemos nuevamente en ellas. Revalorar lo femenino y lo masculino en nosotras. En fin, es toda otra tremenda agenda desde lo personal, que es tan político.
El nuevo desenlace de la obra señala un camino interesante para conectarnos con eso. No se la pierda.
www.alasdemariposa.org
info@alasdemariposa.org
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