La obra Alas de Mariposa denuncia lo que le ha pasado a las mujeres, pero no se queda en la denuncia, sino que presenta sus perspectivas, las alternativas que reivindicaron y sus propuestas, enmarcándolas en alternativas frente al paradigma de la dominación, exclusión y opresión que es hegemónico en el mundo desde hace 5,000 años y que impacta tan negativamente la capacidad de la humanidad de continuar viviendo en el Planeta. Nos sobran datos para saber que la humanidad está en crisis y que ha puesto en crisis el entorno del cual forma parte, pero no sabemos qué hacer.
Ha llegado el tiempo, y este es un mensaje de la obra, de incluir en el lamento del estado actual de la humanidad y de lo que hemos hecho en el planeta, las experiencias históricas de quienes no han sido escuchadas todavía. Puede que sus voces y experiencias contengan propuestas alternativas para tratar de salir del desastre actual.
Y como la ciencia ha tenido que ver con esto, también está llamada a jugar su papel. Las reglas mecanicistas y reduccionistas (Ciencia Newtoniana) del quehacer científico tienen limitaciones actualmente. Por eso la obra aborda también aportes - muchas veces invisibles, desconocidos o expropiados - que las mujeres han hecho en el ámbito de los descubrimientos de la física cuántica, la biología sistémica, la cibernética, etc. Conocimientos y enfoques que tal vez la humanidad no ha considerado todavía como aportes sustanciales para salir de problemas que mujeres y hombres tenemos en común ahora.
Urge ver con otra mirada el mundo y nuestros mundos, así como los problemas críticos que nos hemos creado. Para eso hay que empezar por reconocer y apreciar otras miradas y visiones de mundo que han surgido de experiencias que no han sido contadas o tomadas en cuenta. A eso es lo que le llamamos paradigmas alternativos.
Pero el enfoque de la obra no se queda en lo paradigmático, sino que aborda el urgente debate político entre el racionalismo, el postmodernismo y las alternativas que no se resignan a aceptar el estado actual de la humanidad y del planeta que se resisten a dejar atrás las utopías que proponen cambiar el mundo y nuestros mundos.
Al resaltar lo que hacen y han hecho las mujeres en la historia -transgrediendo cánones-, la obra se coloca en el paso en ciernes del que habla la dramaturga argentina, Claudia Villamayor, cuando señala que: “Para salir de la razón moderna sin adentrarse en el panfleto postmoderno, hace falta construir un paso en ciernes, un nuevo paradigma que explique desde América Latina [incluidas las mujeres] lo que le pasa a sus gentes y los caminos que ellas idean para promover transformaciones sociales”.
Y no es de ahora que las mujeres aportan a la transformación social desde sus quehaceres desvalorizados. Desde el inicio de los tiempos, desde que evolucionamos “sapiens” a la par de los hombres, hemos aportado en todos los campos del hacer, el saber y el crecer, biológica, cultural, social y políticamente.
Para no adelantarles mucho quiero darles un ejemplo en lo político–social de un aporte de las hembras en las remotas épocas, más de tres mil millones de años atrás, cuando las especies animales vivían en el
mar(**).
En esa época, las especies animales, nacidas todas en el mar, empezaron a buscar tierra. Y lo lograron. Lo lograron mediante el complejo mecanismo de evolución creativo/adaptativo que han tenido y tienen las especies. Algunas comenzaron a salirse del mar y a poblar las vastas extensiones de tierra.
Pues bien, desarrollaron, entre otros, una piel que les permitía soportar las inclemencias del sol y el aire; pulmones y otras membranas para inhalar el aire, no del agua, sino de la atmósfera; de sus aletas para nadar desarrollaron patas y mecanismos de arrastre para desplazarse por la tierra, etc. Pero con toda esa capacidad creativa/adaptativa que les permitió vivir permanentemente fuera del agua, tenían un serio problema. A pesar de sus capacidades “terrenales”, no se podían alejar mucho del mar para ir a vivir tierra adentro en las montañas, las sabanas, los bosques o las praderas, porque siempre tenían que regresar al mar a parir.
Pero la creatividad de las hembras resolvió el tremendo problema. ¿Cómo hicieron? ¡Ellas crearon un mar en sus vientres! Desde entonces, todas esas especies siguen naciendo en el mar, el que habita en los vientres de las hembras. Nos podemos alejar del mar – ya sea el que habita el planeta o el de los cuerpos de las hembras - pero si lo contaminamos o las agredimos, si las subyugamos, algo de ellas se muere, y con ellas toda la especie y el mar, su vital entorno, se muere con ellas.
En esta obra que presentamos las mujeres hablan histórica y metafóricamente, porque hemos elegido destacar la mitad de la humanidad que hasta ahora no ha sido tomada en cuenta en las decisiones trascendentales del quehacer civilizatorio.
Pero sabemos que el aporte de ellas no es el único. Existen las contribuciones devaluadas de pueblos indígenas, de las ciencias orientales, de pueblos africanos, entre otras culturas.
Los presentamos y los reconocemos aquí, pero siempre desde el aporte de sus mujeres, que son las que aún ahí han sido poco reconocidas.
Aparecen en la obra las contribuciones de las abuelas de la medicina Ayurveda originada en la India , aportes feministas a la cosmovisión Maya de nuestra América y contribuciones de los pueblos afro-americanos y los pueblos africanos desde sus culturas ancestrales, entre otras.
Entre las protagonistas latinoamericanas de la actualidad están: Alda Facio y Paca Cruz sobre la dimensión política de la espiritualidad en este mundo globalizado; la científica microbióloga Libia Herrero Uribe sobre la historia de las definición de lo que es la vida desde la ciencia; la Maya guatemalteca, Francisca Álvarez sobre la cosmovisión feminista maya; una partera de Chiapas, Ana Veládes Ortega sobe la lucha de los pueblos de la Selva Lacandona por preservar sus culturas y la biodiversidad; Luisa Guadalupe en las luchas de Vieques en Puerto Rico; la travestí argentina, Lohana Berkins que nos reta a considerar los problemas de las dicotomías en la construcción de género y la misma co-coordinadora artística de la obra, Guadalupe Urbina, como compositora y cantante paradigmática.
Entre las reivindicadas y re-aparecidas en la historia, como Lucy, provenientes de varias regiones del mundo y en distintos momentos históricos, aparecen, entre muchas otras: Olimpia de Goughes durante la Revolución Francesa , Dog Boc Kim de Corea y Marge Taniwaki de descendencia japonesa en Estados Unidos durante la II Guerra Mundial, Muthoni de la Isla de Goree en Senegal, Rosa Parks en el sur de Estados Unidos, la joven Palestina, Manar Faraj y una maestra de Chernobyl, Tatiana Trechenko.
Todas ellas afirman en sus prácticas, que nunca se dejaron enganchar por un paradigma mecanicista que hizo de la naturaleza y de las mujeres bienes a dominar y controlar.