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Mariposeras
Clara González: la igualdad como instrumento de la libertad.
(N.11-09-1900 -m 11-2-1990)

Por: Urania A. Ungo M.
Clara González, fue la más significativa sufragista panameña por su liderazgo en esa lucha, líder social y feminista, la primera mujer abogada del país y la persona que encabezó durante más de 20 años las luchas por la ciudadanía femenina a inicios del Siglo XX. Es para muchas panameñas, sobre todo feministas la ‘Mujer del Siglo XX’.
Ello no sólo porque Clara, encarnó en su ser las demandas de las mujeres sino que, en su momento, simbolizó en su vida misma el nuevo tiempo que se auguraba para las mujeres y el país: fundó un partido, el Partido Nacional Feminista en una época tan temprana como 1922-23, durante más de dos décadas conceptualizó, organizó, movilizó a centenares de mujeres para obtener derechos y una vida distinta y que se sepa mantuvo intactas estas convicciones hasta el final de su vida noventa años después. Es reitero la mujer panameña más importante y significativa del Siglo XX.
En la excelente biografía de Clara González hecha por la historiadora feminista Yolanda Marco es evidente que no había en el pensamiento de Clara ninguna duda de su acción a favor del sufragio femenino, ninguna inquietud por la legitimidad de su causa y un compromiso ejemplar manifestado con gran pasión. La autora aquí de mediadora, hace los trámites, toda la gestión, para que el contacto con la Clara que emerge de su relato, sea el más directo posible. El interesante relato de una vida vivida en un contexto y que por lo tanto debe ser explicada en ese contexto. Dice la autora:
“En la historiografía tradicional la biografía ha sido un medio para narrar la vida de una personalidad, de un héroe, propuesto como modelo de unos valores que se desean ensalzar, y casi siempre se ha tratado de varones poderosos, militares o políticos. Por otra parte, muchos aspectos de la vida privada han sido tradicionalmente tabú en la investigación histórica, y solamente la vida pública de los grandes personajes se consideraba importante y tenía por lo tanto relevancia histórica...”.
Tal vez ello explique, porque una vida, la de Clara González, ligada a tantas cosas y obras buenas, ha carecido de las loas que tanto se han prodigado a algunos otros ilustres personajes nacionales, en tanto la memoria de su vida y obra ha sido objeto de mezquinos regateos, invisibilidad y no pocas veces maledicencia. Su larga vida de noventa años (1900 a 1990) - es como dice la autora- un testimonio de su integridad y coherencia: tuvo que mucho bregar para ejercer como abogada, fundó las primeras organizaciones sufragistas, militó en partidos liberales y progresistas, formuló y luchó para las primeras leyes de protección a la infancia y a la adolescencia, y sin embargo, Clara no fue considerada una ‘héroe’, -una heroína-, su vida y pensamiento no fueron ni son, aún hoy, modelos de valores dignos de enaltecer en nuestra sociedad. Por el contrario, mucho pagó como tributo a sus valores y convicciones - presentes, evidentes, hechos materia en su hacer personal y político- en algunas de las diversas formas que es histórico el ejercicio del escarnio en Panamá: el silencio, el olvido, la soledad.
Una vida no sólo se vive en un contexto, también se va prefigurando en el propio ser, en la experiencia directa de las cosas, en los conceptos y principios, en los valores que se asumen, en las decisiones que se toman, en las coyunturas que acondicionan y en el horizonte de futuro que se avizora. Al contrario de la práctica que sometía a las mujeres a aceptar el dictado social de su exclusión, de su minoridad y subordinación y de la interdicción según la cual para las mujeres resulta de primer orden su ‘corrección’ en la vida privada mostrada en público, más la exigencia de no tener una vida pública y /o política, la de Clara fue una sola vida. Asumió la libertad y sus consecuencias y en el proceso de hacerse protagonista de nuestra historia, consecuentemente hizo de su vida cristalización de sus ideas. Éstas le acompañarán siempre, como bien muestra Yolanda a lo largo de muchas páginas, dando cuenta de los actos - pequeños y grandes - y el pensamiento que hacen de un personaje un real sujeto histórico.
Algunas de sus ideas sorprenden no por su firmeza y/o fervor - su pasión que era mucha- sino por su actualidad y claridad. Por ejemplo la idea de que había que ‘modernizar el Estado y mejorar la sociedad’, es decir que cambiar la situación de las mujeres, de la juventud y la niñez pasaba tanto por el cambio de la condición social de las mujeres, siguiendo por la edificación de unas políticas e instituciones sociales modernas y equitativas, como por una profunda transformación cultural e ideológica, política, sin las cuales tales intentos eran simplemente caridad mal entendida.
“El ideal del feminismo lo precisaba en tres grandes objetivos: la renovación social, el perfeccionamiento de la sociedad y la justicia. Justicia para la mujer (igualdad con el hombre), renovación social (o sea modernización, puesta al día de la sociedad y de sus instituciones en orden a las necesidades que señalaban las transformaciones sociales), y perfeccionamiento de la sociedad, es decir, reformas profundas que solucionaran los problemas sociales del momento: la “cuestión social” (el problema obrero, las profundas diferencias económico-sociales existentes en el país) y la situación de la mujer. El ideal de Clara apuntaba a transformaciones radicales de la sociedad.”
Como las y los intelectuales liberales progresistas de su época- Domingo H. Turner, José D. Moscote, Guillermo Andreve y Eusebio A. Morales, entre otros- Clara percibía de forma nítida que todo proceso emancipatorio, que signifique ampliación de derechos y libertades, que consagre el bienestar y la felicidad para la mayoría y la continua actualización de las instituciones, era un ‘bien’ de la sociedad y a esto dedicó su vida, como se muestra en las causas en las que se comprometió y actuó. Causas que como se ve, han producido eso que hoy se ha llamado la ‘modernización’ de la sociedad ¿ y no ha sido finalmente, esa la idea que ha permitido a diversos jerarcas políticos hacer algunos avances institucionales en pro de la igualdad social de las mujeres en Panamá a lo largo de diversas décadas? La idea de que la condición social femenina es parte de un ‘ir’ hacia adelante socialmente. Idea, además, que no fue producto de espontánea iluminación sino producto de la lucha política de Clara y sus compañeras.
A la vez ese conjunto de ideas conduce al feminismo a la idea de la unidad con el socialismo, como ocurrió tantas veces a las feministas sufragistas en América Latina y el mundo. Imagino, - y leyendo la narración de Yolanda se pone cada vez más claro- que esto fue imperdonable y en la medida que se configuraba el mundo de la “guerra fría”, en que se deshacía el conjunto de sus referentes ideológicos, su posición era cada vez más difícil de mantener y practicar. Así, cuando en 1922 Clara González, Elida de Crespo, Enriqueta Morales, Sara Barrera y otras, conforman el "Grupo Renovación", que será la base del Partido Nacional Feminista, el mundo en el que actúan parece preñado de posibilidades. Al año siguiente -1923- crean el Partido Nacional Feminista (PNF), un instrumento político para emancipar a la mujeres. Emancipar significaba liberar e igualar. Liberarse de la tutela política masculina, de la sujeción y de la carencia de derechos. Y para ello, las sufragistas panameñas se comprometieron, durante años, en un proceso que las llevará a crear escuelas, abrir periódicos, viajar a provincias y animar mujeres de todas las clases sociales, fundar centros y bibliotecas, participar en eventos y establecer relaciones internacionales, exigir en la asamblea legislativa, mediante incontables memoriales y diversos proyectos sobre el sufragio, hacer lobby ante innumerables políticos y todo el desgastante conjunto de tareas en las que, como dice Kate Millet, se consumió el sufragismo, no sólo en Panamá sino en todo el mundo. El PNF actuó hasta que los acontecimientos dictaron su fin en 1938. Tras una interrupción de la acción dada en el marco de las convulsiones nacionales y mundiales, en 1944 crean la Unión Nacional de Mujeres, organismo que encabezará la lucha por la ciudadanía plena hasta su promulgación en 1946 en el marco de una Asamblea Constituyente.
Emancipación, vía la ciudadanía, concebida como acción colectiva inmediata en un escenario dado y traducida, en términos políticos, como reivindicación de derechos: al trabajo, a la educación y a la participación política. El trayecto que va del Partido Nacional Feminista a la Unión Nacional de Mujeres da algún indicio, da cuenta de ello e ilustra de modo grueso los diversos ajustes necesarios para incorporarlos como programas aceptables frente a las ideas hegemónicas.
Otros asuntos se mantuvieron como ángulos permanentes de su visión del mundo, su fe en la educación y su confianza en el poder del conocimiento para un ‘bien estar’ en el mundo y para poder transformarlo. La vida de Clara y toda la acción del Partido Nacional Feminista integra ambos elementos, la política y una pedagogía de la ciudadanía que hasta hoy no han recuperado los partidos políticos realmente existentes, carentes de algún horizonte y o norte de acción que no sea el mero ganar la siguiente elección.
A veces resulta asombroso ver la similitud de la vida y el pensamiento de Clara con otras mujeres de la época, por ejemplo con Clara Campoamor en España o con la idea de que las convicciones no deben ser sacrificadas en el altar de la vida íntima de Alexandra Kollonta, pero realmente no es tan asombroso. Fueron mujeres que expresaron con su vida misma, el espíritu de su época y que como nadie resumió Kollontai afirmando vivir en ‘el viraje crítico de la historia’.
Para Clara González, para las mujeres como las mencionadas, pienso que la igualdad política simbolizada en el voto, en el derecho a elegir y ser elegidas, significaba que la igualdad social y política era instrumento de la libertad. Basándose en la directa experiencia de sus propias vidas, en los pequeños y grandes eventos que les hicieron conocer la una otra existencia que es ser mujer en el mundo -algunos profundamente dolorosos y que impactaron toda su vida, según muestra Yolanda en el caso de Clara - arribaron a la misma conclusión, el mundo existencial histórico de las mujeres, la región de lo privado, tendría que ser convertido en objeto de conocimiento y de acción política para poder obtener un ‘lugar’ distinto en el mundo para las mujeres y a la vez había que solucionar la exclusión del mundo público mediante la obtención de la legitimidad de participar en la configuración del orden del mundo y de estar donde se toman las decisiones sobre tal orden. No es otro el hilo común que comparte el sufragismo en todas partes, cambiar, transformar radicalmente la condición femenina, pasaba por esa vía, por la conquista de la igualdad, eliminar la perpetua minoridad en el horizonte de la libertad. La emancipación de la que hablaban incluía más que el ejercicio de votar, su horizonte era igualar, liberarse de la tutela sistemática, la ciudadanía como instrumento de la libertad.
Hoy sabemos -y aún no se termina de saber como pensaban de todo ello- a lo que posteriormente condujo su acción y en que desembocó la historia de sus luchas. Pero fueron en su momento las opciones entre las que había que escoger y las reales condiciones en las que tenían que actuar. Sus logros han aclarado el camino de la libertad.
Leyendo éste libro de Yolanda sobre Clara, aparece otra vez el asunto de la palabra ‘feminismo’ y de las vicisitudes del ‘ser feminista’. Ser feminista, es ser la dragona, la medusa, la arpía, tiene sus rigores y exige tributos, pero también contiene la pasión y la razón de saber que otro orden del mundo es posible. Y sobre el feminismo comprobar que ayer como hoy es una palabra que convoca el rechazo, la duda, la sospecha y que levanta un escozor muy parecido a la misoginia. Todo lo que pienso es el feminismo, política, utopía y práctica de vida, lo encuentro en la vida y pensamiento de Clara González. No debe estar tan el mal el país que produjo tan hermoso ser humano.
Sólo debo agregar, finalmente, que tendríamos que agradecer a Clara haberse autodesignado feminista, pues como dice Alda Facio, las feministas han conseguido buenas cosas para las mujeres y para toda la sociedad. Más, en el caso de particular de ésta Clara, amorosamente presentada por Yolanda, que fue si se quiere también dragona y medusa. Tanto como fue también tierna, cálida madre de sus sobrinos, enamorada y amante, hermana y amiga de sus amigas y compañeras, humana y contradictoria pues, que conoció todo lo humano, grande y mísero y sin embargo no cedió ni a la mediocridad ni a la injusticia.
Yolanda Marco Serra, “Clara González de Behringer”, enero de 2007.
Cfr. Concha Fagoaga y Paloma Saavedra. Clara Campoamor: la sufragista española. Instituto de la Mujer/ MAS España, Madrid, 2006. / Alexandra Kollontai. Autobiografía de una mujer emancipada. Editorial Fontamara, Barcelona, 1978.
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